Recuerdo las cortinas recias de terciopelo negras y rojas , mal colgadas en el ventanuco de su habitacíon barroca , cargada de él , reflejo fiel de su interior que la hacían tan encantadora.
De pie al lado de la entanteria de madera vieja llena de libros, lo miraba desde mi estado etílico cultivado cerveza a cerveza duerante al noche.

Ebría y con el deseo intacto, creciente, sabía lo que sucedería en breve. Waitts sonando en el cd, y luz de velas , todo invitaba.
Lo saqué a bailar , me sentía llena , deshinibida, hacía tiempo que quería despojarme de tabúes y frenos que me limitaban en el sexo y me impedían disfrutarlo plénamente.
Su cuerpo grande y cálido me envolvía, hogar y me calmaba me reconfortaba como un hogar, el tímido y torpe sorprendido por mi arrebato , se dejo llevar .
Paramos y empezamos otra danza, una danza de besos y caricias, gemidos y pieles encendidas.
Me hubiese quedado horas allí con él dentro, viendo su rostro sudoroso , cogiéndome y girándome, hábil dedicado como nunca.
Su mirada y su aliento me envolvía en una maraña de sentimientos de sensaciones , de líquidos que explotaban, y caían como lava ardiendo Yo me dejaba
Me pregutaba si duraría todo aquello o se acabaría con la mañana cuando despertáramos y me fuera a mi casa, odiaba la mañana no quería que llegara y se ,que se llevara la magía y los besos.
El me hablaba de sus conquistas , y yo me iba tejiendo la red por si acaso, primero era yo , yo no sabía si este es el hombre de mi vida, quería preservarme, y no caer al vacío, a medida que hablaba y me contaba sus ligues de ayer y hoy , iba valorando y pensando en qué era lo más adecuado para mí lo que más me convenía, dejarlo ahí y huir o tenerlo aunque fueran esas noches , unas cuantas , las de los encuentros fortuitos y de nuestros mutuos fuegos aún muy encendidos.
Quería tenerlo quería sus labios, su mirada turquesa y turbia, su aliento y gravarla en mi retina oir su voz quería que amara todas las noches y todas mañanas del mundo , quería tenerlo yo para mí aunque que fuera así.